Liviandades de domingo: se componen biografías

Seguimos con nuestra semanal limpiada de paladar. Hoy, un bio (que suena a carta de amor) que le redacté a la mejor banda panameña de rock panameño de la bolita del mundo amén: El Papo Vecino. Si no saben de lo que estoy hablando, no saben lo que se están perdiendo.

El Papo Vecino es un grupo de rock panameño. Su música, como toda la buena producción cultural de nuestro país, está cargada de referencias de varios tipos, de varios sitios y de varios tiempos. La presencia más evidente es Stereolab, Tortoise y el post-rock de principios de siglo, pero hay también dejos del krautrock de Neu! y del minimalismo de Terry Riley y Steve Reich. Su repertorio cubre el espectro desde canciones pop con estrofas y coros hasta complejas composiciones instrumentales en varios movimientos donde las voces se usan como una textura más. Este espectro incluye, por supuesto, covers completamente honestos de melodrama cinematográfico (Giovanni Fusco) y melodrama latinoamericano (Los Ángeles Negros).

Su primer álbum, El Papo Vecino (2009), fue grabado en Panamá por Iñaki Iriberri —de Señor Loop, otro grupo de rock panameño que a veces comparte miembros con El Papo Vecino— y mezclado y masterizado en Buenos Aires por Tweety González y el estudio La diosa salvaje de Luis Alberto Spinetta. Estas diez canciones, producidas para ser oídas con audífonos mientras se mece uno en una hamaca, seducen a la primera escuchada, aunque su rica complejidad recompensa ampliamente el estudio más intenso.

Aunque su muy esperado álbum ha sido recibido con vítores por la crítica y el público, El Papo Vecino debe la mayor parte de sus seguidores a sus actuaciones en vivo, que generalmente son eventos audiovisuales producidos en colaboración con artistas amigos. Especialmente buenos son sus conciertos en el Teatro Guild, un edificio de madera de tiempos de la Zona del Canal, donde la mejor acústica y escenario más amplio que el bar panameño promedio les permite jugar con proyecciones y cuidadosos diseños de producción. Durante abril de 2010 El Papo Vecino visita Costa Rica para promocionar su álbum con un recién estrenado espectáculo.

El Papo Vecino empezó a tocar en la ciudad de Panamá en 2005, cuando los miembros del grupo de rock Tiés, parte importante del Panamá bohemio de los años noventa, se reunieron tras sabáticas y estadías en Nueva York y California. Ese año grabaron un demo, también epónimo, donde aparecen canciones que todavía forman parte de su repertorio. Como en una declaración de intención, ya en este embrión de álbum se lee el interés del grupo por las melodías y la mezcla de texturas sintéticas con las herramientas clásicas del rock que los guiarían a donde están hoy. El Papo Vecino es el nuevo rock panameño.

El Papo Vecino es (en orden de llegada) Chale Icaza Pardo en la batería, Luis Fernández de Córdoba en el bajo, Federico Waga Ledezma en la guitarra, Nacarí Lasso Pirot en voces, y David Alberto Caparó Alaín en la guitarra.

¿Interesados? Para que no se me acuse de calientahuevos, adjunto los bienes, generosamente disponibles en bandcamp.

Y como para demostrar que The reports of [their] death are greatly exaggerated, ahí mismo hay un track nuevo: Waga.

Listo. ¿Listos para ver qué nos depara la semana entrante?

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El Festival Verde de Cultura Musical; o, Rockeando en un galpón

Como todos saben, el sábado fue el Festival Verde de Cultura Musical, ojalá primero de muchos. Jóvenes, ¿qué tal un nombre de menos de una docena de sílabas? Eso o inventemos un acrónimo bien catchy. Yo propongo FestiVCuM. Bonito el afiche, también: puro Neutraface, puro verde RGB, puro kerning demasiado apretado. Éxito rotundo, bastante gente, buena música, buena onda, paz y amor por doquier, y encima por una buena causa. Como buen neurótico, moví cielo y tierra para aprovechar la oferta de preventa de los boletos y ahorrarme cinco palos. El chiste aquí es que con los cargos por servicio, spac e itbms, el boleto en preventa salía a $14: mi recompensa por madrugador.

Pero el día del evento todo empezó bien. Radiante día de veranillo de San Juan con cielo azul y brisa abundante. Llegando, un joven en un bicitaxi me ofreció llevarme de la entrada del estacionamiento a la entrada del evento, que estaba como 50 metros más adelante. “Es gratis”, aclaró, pero aún así el decoro me impidió aceptar la oferta. Claro que hacía un sol tan hijuesumadre que casi me desmayo antes de que me pusieran el cintillo. Por más gorra y pantalón corto que uno cargue, estos soles de calentamiento global no los aguanta nadie.

Ya del lado de adentro, se hizo visita de cortesía a los stands de los anfitriones y se procedió hacia el escenario. Qué galpón más horrible pero qué sombra más rica había abajo, debo admitir. Más contento aún me puse cuando me di cuenta que habían empezado a tiempo; nada de horas panameñas acá en isla Perico. Divertidísimos los Lemmiwinks (que espero se llamen así en memoria del intrépido gerbil del Sr.Harrison), y cuando le pusieron la guitarra al pelaíto [aparentemente Zed Bienot, prepúber que ya rawkea] toda la gente que tenía una cámara corrió a primera fila. Mientras subía Pepe Calavera y su orquesta, las bocinas empezaron a tocar una canción de Los Colorados (que espero se llamen así en referencia a la célebre banda ucraniana). La primera vez que pusieron el asunto, que muy apropiadamente se llama Verde es el mejor color, estuvo simpática, pero la bendita canción la tocaron como cuatro veces seguidas, y eso lo hicieron en todos los demás intermedios. Por mí, que se extingan. Qué alivio cuando empezó Pepe Calavera, que también estuvo más divertido de lo que me acordaba; debe ser que estoy madurando. Y los Rabanes; bueno, un recorrido por sus grandes éxitos en media hora con mucho “con las manos arriba, arriba”, y “empuja, empuja”. En contra de mis predicciones no cerraron con Por qué te fuiste, Benito? sino que la tocaron como de tercera a ver si la gente se acercaba (y sí se acercó). Full nostalgia de unos noventas que la mayoría hemos superado y no teníamos ganas de recordar.

La fanaticada

El Papo Vecino, tan bueno como siempre; la falda de Nacarí, mejor que nunca. Damas y caballeros: Montaña Rusa.

Dos trecios del Papo Vecino se quedaron en escena como parte de la orquesta de Carlos Méndez, que cada vez me recuerda más a Danielson, y que cerró con una canción inédita dedicada a Mar. Primicias y todo, para el deleite de la concurrencia. Con aplausos y otras cuatro vueltas de la bendita canción esa de Los Colorados concluyó así la tanda de sets teloneros de media hora, todo tranquilizantemente muy de acuerdo al programa, y pasamos a la fase de headliners. Ya para esta hora había llegado más gente y había oscurecido, así que mi visita al food court (léase, el toldito de vender soda, red bull y cerveza con poco personal y menos iluminación) fue una odisea de quince minutos con todo y horda de colegas en modo últimos minutos de open bar.

Austin TV

Austin TV es tu nueva banda favorita de la que nunca has oído hasta ahora. ¿Por dónde empezar? ¿Por los uniformes de tartán con chalecos de pecho cruzado y cadenilla? ¿Por las máscaras de luchador/capuchas/pasamontañas hechas de hojitas de fieltro (del tipo más chafa, me dijo RATA el bajista), escamosas como los trajes de lascas de piel humana de Xipe Totec, que se extendían hacia abajo por una de las solapas y llegaban hasta los pantalones? ¿Por los zapatos que no eran de duende sino Vans clásicas (tal vez Chukka Lows)? ¿Porque cada vez que abrían la boca era para decir cosas re-bonitas y mensajes positivos, y con un acentito adorable? (No me culpen, yo me crié a punta de El Chavo y de Cuna de lobos). ¿Por haber abierto su set con Falling, de Julee Cruise (mejor conocida como el tema de Twin Peaks), por haber centrado su set con Around the World, de Daft Punk, y por haber cerrado su set con Twisted Nerve de Bernard Herrmann (mejor conocida como el silbidito de Daryl Hannah en Kill Bill Vol. 1)? ¿Por tocar composiciones de doce minutos que son mitad Mogwai, mitad Godspeed You! Black Emperor, y mitad Sepultura? ¿Por haber sudado un volumen combinado que seguramente superó el galón y medio en nuestra noche tropical? ¿Por encargarse en pleno de la atención al público de su puesto de mercancía y dejarse abrazar de varias decenas de nuevos fans ansiosos de foto para facebook? Respuesta: todas las anteriores, evidentemente. Austin TV se queda un par de días más de este lado del canal, para tocar un recital más íntimo el miércoles en un sitio dizque Espacio Panamá en el Casco Viejo. Encarecidísimamente recomendado, y no sólo por ver si hay cambio de vestuario. Yo ya estoy haciendo fila. Acá nos vemos.

XNAYER

Y así llegamos a Cienfue, que vimos a una prudente distancia. El set, que estuvo mejor de lo que me temía y no sólo por ser de 45 minutos, evidentemente se benefició de ser una selección de canciones selectas seleccionadas con un criterio de excelencia. Hubo perra en celo (pegada), culebra que pica, saloma hambrienta (muy aplaudida por la concurrencia), zapateo simétrico, macho de monte, calma y tormenta. Afortunadamente no salió El Cuco, así que proseguimos bastante ilesos hacia Aterciopelados.

Aterciopelados

Casi hubiera podido predecir que iban a abrir con La pipa de la paz y estaba seguro que el set iba a ser casi puro Río, por eso me entró un gozo poderoso cuando casi de una vez empezaron a tocar Rompecabezas, un bolerote todo sabrosón de los buenos tiempos. El Álbum y El Estuche también estuvieron, pero menos mal que no tocaron Maligno, porque me hubiera muerto de contentura. Ataque de risa es aún más alegre en vivo, y ni hablar de las versiones lentas y maduras de Baracunata y Florecita Rockera que cerraron el evento. Sueño cumplido y muerto de sueño, llegué a la casa a tiempo para Maitines, y ni un poquito molesto porque el concierto no terminó a las 9:30 pm, como prometía el programa. ¿Qué hacemos el otro año? Yo voto por Instituto Mexicano del Sonido y Los Tres.

La tercera es la vencida. El Papo Vecino en el Teatro Guild, episode 3.

En estos tiempos uno sólo va al Teatro Guild cuando El Papo Vecino llama. Hace un par de semanas fuimos convocados a una tercera noche de concierto en ese vetusto escenario, donde tan bien les ha ido antes. El público de esa noche era, como siempre, bonito y culturoso, aunque no había suficiente gente en vestido de baño. Digo por el subtítulo del evento, que una sorprendente cantidad de gente insistía en mal-leer como toque acústico. No, esto no era El Papo MTV Unplugged. Lo que presenciamos fue un concierto de despedida para calentar motores antes de partir a su gira costarricense  y hacer un focus group con sus groupies sobre su nuevo programa de visuales, meticulosamente y cariñosamente producidos por Ana Endara.

El tema acuático que inevitablemente inundaría las proyecciones se extendía también en el diseño de escena, de un kitsch digno de una casa de playa en el Coronado de los ochenta: peceras-lámpara rellenas de algas artificiales y mucha red de pescador con cachalotes blancos y angelotes de plástico. Muchas gracias, Dominique Ratton. También acuático era el vestuario de la banda, y eso sin usar ni media yarda de tela hawaiana. Nacarí no iba de sirena, sino con un traje-pareo rayado blanquinegro y gorro de marinerito cuidadosamente ladeado, mientras los caballeros vestían blanco naval y sendos quepis, como un cuarteto de Skippers.

[Foto del setlist por Jaime Vásquez, robada de facebook]

Para no arruinarle la sorpresa a mis colegas ticos (o tal vez es para disimular que el alcohol ha nublado mis memorias) proseguimos con un escueto juego de notas relativas a algunas de las distintas estaciones de esta experiencia audiovisual.

Set 1. Tempestad melódica en sol mayor (o un nombre como de ese estilo): instrumental a cargo de Waga, Luis, Chale y David, frente a un fondo de lucecitas multicolores. Sale Nacarí, la multitud enloquece. Ecosabotaje: escenas a color desteñido con una expedición de cosmonautas, sirenas en pantalones basta de elefante y un pterodáctilo. Colapso: Instrumental que ahora está mejor que nunca, un pelín más largo, acompañado de vistas de una lluvia tropical filmadas desde el interior de una bolsa plástica. Campo de juego: lo que inevitablemente va a ser el primer gran éxito bailable del segundo álbum, como banda sonora de un catálogo en blanco y negro de deportes acuáticos y subacuáticos. La Aventura y L’Avventura, full drama Antonioni.

Receso. Más cerveza y más conversación inteligente.

Set 2. Barco: ahora con una media estrofa adicional y un final mejor resuelto que en el álbum, con capitanes, cargueros y remolcadores del Canal Zone de Wiseman. Faustino y la silampa: narración panameña hecha canción con una cuasi Merrie Melody donde un sapito canta y baila (puede que sea la cerveza, pero les juro que hubo veces que el audio y el video coincidían exactamente). Montaña rusa: el primer gran final frente a un musical technicolor con un brass band y un equipo de natación sincronizada.

Encore 1Murió la flor: el favorito de las mamás de los presentes, con bellezas en vestido de baño en blanco y negro.

Encore 2. Speed racer: una versión cándida y sin practicar en solo de Nacarí, frente a video de agüita y ya.

Éxito rotundo, fanaticada extasiada. Tan felices salimos que casi ni nos importó escuchar también un tiroteo épico cortesía de los nativos de Curundú, de esos que suenan a carnicería y a piedrero pateando tinaco y que tienen zumbido de bala a contrarritmo. Moraleja: venir en carro la próxima vez.

Posdata: La otra semana El Papo Vecino regresa a Costa Rica. Ticos ricos, quedan advertidos. Be there or be square.

De vuelta a La Casona gracias al Papo Vecino

Anoche regresamos a La Casona. La ocasión esta vez: “Puro Rock (evento puro’s vol.1)”, un concierto con El Papo Vecino y como doce otras bandas locales aparentemente organizado por un blog aparentemente local aparentemente culturoso aparentemente disponible también en zhōngwén. Como el evento supuestamente empezaba a las diez, llegamos a las once, pero igual faltaba como una hora (léase, dos cervezas) para que las bandas empezaran a hacer el sound check. Se murmuraba que El Papo Vecino iba a cerrar, así que nos mentalizamos para salir de ahí como a las siete de la mañana. Mientras tanto, el disco de The Cure dio como dos vueltas y media.

Primera parada: un cantautor local de nombre Carlos, pero no el Sr. Méndez anunciado, sino un Sr. Iván Zúñiga, aparentemente muy admirado por la banda siguiente, que cantó lo que sonó como una sola canción que nos instaba repetidamente a ser felices. Evidentemente, no hicimos caso.

Después que la jovial anfitriona nos diera la bienvenida, le tocó tocar a Black est noir [blæk ɛ nwɑ:], uniformados con camisas negras, pero con armbands de distintos colores para poder distinguirlos. Una banda con mucha barra y mucha actitud: referencias a Franz Ferdinand y The Rapture y citas surf rock, saltitos y patadas, un bajo con dejos del Dr. Matt Destruction de The Hives y un vocalista con dejos de Enrique Bunbury de Héroes del Silencio. Bien intencionada y bien recibida por las masas.

Después de los aplausos y de que la mitad de la audiencia abandonara la sala le tocó tocar al Papo Vecino, así de una vez. Nuestras oraciones habían sido escuchadas.

El setlist empezó bien, con La Aventura, y terminó mejor, con un trío de instrumentales inéditos, incluyendo la mítica Campo de juego. Hubo ecos de Los AmigosEl Silbido del Viento (y de Godspeed You! Black Emperor), Waga tamborileando en su fret board, composiciones con múltiples movimientos, temas dramáticos para la banda sonora de una película que no existe.

Pero todo tiene su final, y éste llegó demasiado pronto (aunque por dos palos, no hay queja). El Papo Vecino se pone mejor y mejor. ¿Quién se apunta a ir de groupie en su gira costarricense?

Lo último que pasó en escena, a medio desmontar de los teclados, fue Chale invitando a la concurrencia a quedarse. Evidentemente, no hicimos caso.

El Papo Vecino: un play-by-play track-by-track

El Papo Vecino (el álbum), por El Papo Vecino (la banda). Aparentemente self-released, 2009.

Admitámoslo: somos superficiales y juzgamos todo libro por su cubierta. Y esta cubierta está bien bonita: paisaje en acuarela (probablemente lago Gatún) por Jennifer Kane. Puntos extra por haber usado letras manuscritas de verdad, y no uno de esas tipografías escritas a mano. Más puntos extra por la posibilidad de que sea una de esas tipografías escritas a mano en OpenType con random contextual alternate glyphs.

Pero procedamos a lo que nos atañe: mis reflexiones prematuras acerca de cada pista del LP.

1. Los Amigos: Agradable sorpresa: la voz de Nacarí clara en el centro. Aquí, con audífonos, sí que se entiende todo lo que canta, como en el teatro Guild, pero mejor. Note las guitarras en hermoso dime-que-te-diré en estéreo, los la-las de hastío, y el final abrupto; tricéfalo leitmotiv del álbum.
La canción en una línea: Todo el día escuchando la misma canción.

2. Ecosabotaje: Introducción de cuidadosa disonancia da paso a vocales Stereolabosas y un teclado que pendulea de oreja a oreja a la misma velocidad que mi hamaca. En el largo intermedio, la voz es una capa más en el zumbar de la melodía hasta el inexplicable solo de guitarra.
La canción en una línea: Liberando gallinas en Cerro Azul.

3. El Silbido del Viento: Un dúo niño-niña con la-las ligeramente más animados que los de Los Amigos.
La canción en una línea: Ey, no queremos escuchar tus palabras necias.

4. Barco: Un instrumental de longitud apropiada con planteamiento, nudo y desenlace, todo sobre un fondo de progresiones bien Philip Glass.
La canción en una línea: La, la, la, la, la, la, la, la-ah. Uh, u-u-u, laa, laa; uu, uuu, laaa; u-u-uh, ah, laa; uu, uuu, laaaa.

5. Montaña Rusa: Banda sonora para un western ecuestre con caminata, trote y galope. Esta versión está liberada de la capa de ruiditos y los desafortunados latigazos que desadornaban la incluida en Planeta Péndulo (pero extraño las panderetas). Nacarí canta una letra bien meta sonando tan Jeannette como es humanamente posible.
La canción en una línea: Hola estamos aquí tocando.

6. Primeros Vientos: Guitarras Tortoise, melodía Stereolab, coros que casi suenan a vocorder —y digo esto como un cumplido.
La canción en una línea: Medusas bailando.

7. El Beso: Esta iteración de una canción vieja (que data del también epónimo primer EP) empieza con acordes que hacen eco a El Silbido del Viento.
La canción en una línea: Pensando que algún día se llegaría.

8. Supertransformación Ideológica: Una canción que en ocho minutos se supertransforma en cuatro canciones distintas. También incluida en Planeta Péndulo, la versión del álbum es menos estridente y está cantada más perentoriamente.
La canción en una línea:
Yo me pregunto, Sr. [Blades] cómo se transformó en lo que criticaba.

9. Faustino y La Silampa: Otra canción viejita, aquí decorada con ecos (porque es una canción de miedo) pero con un puente cantado por Chale y no por Nacarí.
La canción en una línea:
Le chupó todo adentro pero dejó su hueso, dejó su hueso.

10. La Aventura: Con título en español, porque ésta es una traducción al cristiano del tema de L’avventura, por Giovanni Fusco. Lastimosamente ausentes están las panderetas que ensalzan la versión en vivo, que cierra todos los conciertos.
La canción en una línea:
Chan chanchán, chan chanchán; chan chanchán, chan chanchán.

En la madrugada del 20 de diciembre, El Papo Vecino celebró el lanzamiento del LP usándolo de setlist para un concierto en el club de clases y tropas en el Casco Viejo. El Papo Vecino (el concierto): El Papo Vecino (la banda) interpreta El Papo Vecino (el álbum) en su totalidad. Esta ambiciosa maniobra usualmente está reservada a conjuntos tipo Sonic Youth en conmemoración de vigésimos aniversarios de discos clásicos, y éste fue un esfuerzo loable pero recortado a medio palo: se quedaron por fuera El Beso y Supertransformación Ideológica (si mal no recuerdo). Personalmente culpo a la carencia de complemento visual proyectado y al exceso de fotógrafo (Baby, you’ll be famous. Chase you down until you love me. Papa, paparazzi), pero principalmente a las obras de arte que colgaban de las paredes (y no hablo de las fotos de El Chorrillo en llamas).

La Aventura

Muy bien y todo, pero somos charco sin fondo y mar sin orilla. ¿Cuándo viene la gira nacional? ¿Necesitan groupies? ¿Ya están haciendo el segundo disco? ¿Cómo suena Campo de Juego? ¿Cuándo vienen más b-sides a elpapovecino.com? (¡Colapso está buenísima!)

Segundas partes fueron buenas

epv-guild21.

¿Qué hace uno cuando lo chotean desde el escenario en pleno set? Y digo un choteo tipo “ahora al final les tenemos una sorpresa, una para Darién.” Pues qué va uno a hacer más que redactar otra carta de amor abierta al mejor conjunto musical de este lado del río Chagres. El viernes pasado El Papo Vecino tuvo un segundo concierto en el Teatro Guild, ojalá de muchas por venir. El primer concierto, en abril de este año, estuvo genial, y este esfuerzo sophomore (a juzgar por la encantadora invitación a la acuarela cortesía de Jennifer Kane) prometía ser mayor y mejor.

La escena en el portal foyer era predeciblemente animada: bellas juventudes con cohibas y gingersnaps en ansiosa espera, azuzados por amigablísimos bartenders (traídos del extranjero exclusivamente para el evento, se rumora). Tal como se prometió, las puertas abrieron exactamente casi a las 9 en punto más o menos. Habiendo aprendido la lección la primera vez, automaticamente bomb-rusheamos el escenario y nos instalamos en primera fila centro. Sentados en orden se hizo más evidente que esta vez habíamos más que en el primer concierto. Se está corriendo la voz. Pero sobre las tablas la escena era más diferente. Una producción muy laissez-faire había sustituido la cuidadosísima mise-en-scène de antaño (te extrañamos, Dominique). Creo que había móbiles de papel de alumino, pero puedo haber estado equivocado.

Pronto salieron los artistas, cuyo vestuario otrora blanco era ahora negro (ying yang, yadda yadda yadda), con la notable excepción de Nacarí, que cambió su uniforme de pintora por un traje de cocktail de lentejuelas plateadas, mucho más apropiado a un evento de este calibre. La música fue, predeciblemente, excepcional. Disfrutamos una mezcla de éxitos de ayer y hoy, con particular énfasis en los clásicos de siempre: El beso, Speed Racer y Faustino y la silampa (que ahora Chale enfrenta solo). Hubo también canciones nuevas, incluyendo una que la cerveza me hace recordar como Tempestad en mi bemol: un intermedio muy Enya, una banda sonora con solos al órgano para una película muy dramática. Barco ahora suena bien (o tal vez es que mi gusto ha madurado).

Los conciertos del Papo Vecino siempre han sido eventos audiovisuales. La escena esa noche estuvo iluminada por proyecciones digitales de los hermanos Merel. De nuevo, la cerveza sólo me deja recordar lobos corriendo en bosque y cardumen de aguamalas, aunque eso demuestra mi parcialidad hacia lo figurativo, que es a lo que voy. Puede que los eventos anteriores me hayan malacostumbrado (o que esté haciendo una pataleta celosa tonta de hijo manso que se rebela ante una madrastra que intenta usurpar el puesto de la santa madre q.e.p.d.), pero hubiera preferido visuales menos genéricas. Me parece que las usuales visuales analógicas (en el sentido tecnológico de lo no-digital, y en el sentido linguístico de lo relativo a la analogía, y —para demostrar que sigo peleando con Finnegans Wake— porque suenan a análisis y lógica) son un mejor acompañamiento a estas dulces melodías. Finalmente no estábamos en un lunes de música electrónica en Bacchus.

Esta segunda parte fue buena, y esperamos que la tercera parte suceda pronto. Panamá necesita más cosas como de estas. ¿Es mucho pedir que en nuestra ciudad tengamos un evento como este cada dos semanas? No digo sólo que queremos más Papo Vecino, queremos más Papos Vecinos. ¡Ánimo, gente!

¿Y mi sorpresa? Casi al cierre del playlist (justo antes de la siempre final L’avventura) presenciamos la resurrección de Murió la flor por la que hemos estado rezando por años. Las estrofas susurradas como una Dietrich despechada mejoran con la edad, igual que la Dietrich. ¿Y qué hace uno cuando le cumplen un deseo? Uno pide más. Querido El Papo Vecino: Por favor (y, confíen en mí, es por su bien) incluyan en su repertorio algo de la inolvidable Jeanette, de cuya antorcha creo que Nacarí es una apta heredera. Idealmente “Porque te vas”, que tiene un pedigree apropiado: escrita por José Luis Perales, usada en Cría Cuervos de Carlos Saura, covereada por Kahimie Karie. Y finalmente nos encantaría ouir a Nacari cantar coun haycentou gringou. Plis?