En busca del Miami Cholonial Style

Como todos sabemos, en octubre pasado estuve por Miami como conferenciante en el simposio Central What? Central America!, gracias a una gentil invitación del ArtCenter/South Florida. Esa presentación se las presento otro día, porque hoy vamos a hablar de los resultados de un proyecto investigativo que aprovechamos a realizar en paralelo: una expedición en busca de —¿qué más?— arquitectura fea.

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Cortesía de Loriel Beltrán

Y es que, como la cabra siempre jala pal monte, casi desde que llegó la invitación  empezamos a conspirar. Los amigos del ArtCenter nos presentaron con Loriel Beltrán y Domingo Castillo, de GUCCIVUITTON, ambos ciudadanos de esa, la capital de Latinoamérica, y admiradores y expertos en ese tipo de ejercicios estilísticos. Un par de skypes y de emails después, ya teníamos un itinerario. Al igual que con nuestra expedición a San José, Costa Rica, el primer paso fue preparar un syllabus para orientar el recorrido. Y dice:

A fragmentary syllabus for a tour of Miami, FL

  • Making something out of nothing is a hard thing.
  • Miami is a city made out of nothing, built in the middle of nowhere. It is a new city without history and without memory. How does one infuse acres and acres of new stuff with the authenticity of heritage?
  • Ornamentation, especially historicist ornament, rises to the occasion and fulfills this pressing need. When in doubt, add cornices.
  • From its very beginnings, Miami has been a city ruled by pastiche. Renaissance revival, Mediterranean revival, Art Deco, the archetypical eighties Miami of Miami Vice and the multicultural capital of Latin America of today have all been happy amalgamations of references to other times and other places, often coexisting on the same block or building. In Miami, eclecticism is not a style, but a norm. Miami is a post-eclectic metropolis where the dumbest international style glass boxes rub shoulders with revivalist exaggerations and an ever-growing roster of ultramodernist starchitecture.
  • Private grandeur: ornament on estate architecture. Villa Vizcaya (1914-1922) is a subtropical Palladian villa and gardens that grafted a slice of the Veneto (via Tuscany) onto 180 acres of South Florida mangrove swamps. Originally the winter residence of an American tycoon, socialite and antiquities collector, Vizcaya is now a museum and favorite setting for movies and music videos, as well as wedding receptions and quinceañera photos.
  • Public grandeur: ornament on civic architecture. “The Freedom Tower of 1925 is Miami’s historical landmark”, proudly states Wikipedia. It “is an example of a Mediterranean Revival styled structure with design elements borrowed from the Giralda in Seville, Spain”. In Miami it is perfectly OK to build your newspaper headquarters to look like the bell tower of a cathedral in Andalusia that was originally the minaret of a mosque (and that was modeled on a minaret in Marrakesh). Like Vizcaya, the Freedom Tower is now a museum, so perhaps in the future everything will be a museum.
  • Rampant grandeur: ornament on housing developments. This same Mediterranean Revival became the style of choice among the housing developments of the Florida land boom of the 1920s: Miami Shores, Coral Gables, Coconut Grove and Miami Beach, all of them cities made out of nothing and built in the middle of nowhere. Unlike the grand estates of the millionaires, where ornaments were copied or collected from sources in the Continent, ornaments were reduced to a limited (but still expansive) palette and applied in a more serialized manner.
  • Now let’s sidestep the whole Art Deco thing brought by the Great Depression and look at the depressing housing developments of the 40s and 50s. Segue into the watered-down Mediterranean Survival styles of suburban Greater Miami.
  • Mixed Use: living in a shopping mall. The artificial downtowns of the 21st Century. The new Doral Downtown where you can buy a house with a view of a landfill.

Y así, en la soleada mañana del 1 de octubre partimos, cámaras en mano, rumbo a lo desconocido. Además de Loriel y este servidor, participaron en la expedición los colegas simposiantes Gabriela Sáenz-Shelby de la genial TEOR/éTica y Walterio Iraheta de la genial Arquitectura de Remesas. El itinerario era ambicioso, y aunque la amenaza del rush hour era grande, partimos.

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Para no perder tiempo, la visita a la Freedom Tower fue un drive-by. Esa transliteración del campanario de la catedral de Sevilla —al menos de sus elementos ornamentales— a las necesidades de una torre de oficinas es ahora una universidad y un museo y un símbolo de la diáspora cubana, con bandera y todo.

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Pasando de largo las torres de Brickell y sus distinguidos residentes, llegamos a la primera parada proper: Villa Vizcaya. Los ejercicios de coleccionismo arquitectónico de las oligarquías de antaño —ver The Cloisters, etc.— siempre son fascinantes, pero puesta en su contexto Floridiano, Vizcaya es mucho más.

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Vizcaya es arquitectura proto-feoclásica. Es un edificio construido principalmente como una manifestación del poder adquisitivo y el buen gusto de su propietario, el millonario jubilado James Deering. Y como todo buen feoclásico, es un edificio de proporciones bastante torpes que se notan en cuanto uno logra ignorar las toneladas de ornamento historicista que lo recubren sin ton ni son. Esto en los exteriores, porque adentro (donde no se permite tomar fotos) los espacios son simplemente acumulaciones de ornamento: un cielo veneciano aquí, una chimenea gótica allá, y así. Es como si Deering hubiera ido a Europa y cuando el arquitecto le preguntó que qué quería que le diseñara, hubiera respondido: Todo.

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Vizcaya es un cubito Maggi arquitectónico: un comprimido inspirado en la realidad pero que no pasa de simulacro. Vizcaya colapsa el tiempo y el espacio: en ella conviven los siglos XIII y XVIII —y todos los de en medio— sin ningún problema, de la misma forma en que la villa lo pone a uno al mismo tiempo en la Toscana y en el Veneto y en la Champagne.

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Los expedicionarios: Loriel, Gabriela y Walterio.

Pero mi parte favorita fue como las texturas de la roca coralina con la que se tallaron los ornamentos produce piezas que, en comparación con sus versiones arquetípicas en travertino, parecen cubiertas por úlceras y pústulas, víctimas de la lepra y la peste negra.

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Y hablando de cicatrices y heridas, nuestra siguiente parada fue, muy apropiadamente, un estudio de cirugía plástica en Coral Way: todo muros rusticados, capiteles, ménsulas y cariátides.

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Cuadra a cuadra, va apareciendo el feoclásico doméstico: una balaustrada aquí, una media docena de columnitas jónicas acá…

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Pero definitivamente en Miami lo que reina es una regurgitación del Mediterranean Revival de principios del siglo pasado, y que proponemos bautizar como Miami Cholonial Style. Con ustedes, Downtown Coral Gables.

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Millares de galones de pintura color melocotón y kilómetros cuadrados de techos de teja, todo bajo un cielo azul inmaculado. Al igual que nuestro Bella Vista, Coral Gables es un suburbio diseñado en los años 20 a imagen y semejanza de una arquitectura idealizada mediterránea. La joya de ese downtown fue el Colonnade Building, que originalmente era la sala de ventas para toda la urbanización. En los ochenta —¿cuándo más?— le creció un edificio de oficinas y hotel encima. Nos persignamos y entramos al BAC Collonade & Westin Collonade Coral Gables.

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Por supuesto que tiene una fuente rodeada por una rotonda, que por supuesto que tiene una cúpula pintada con nubecitas. Y por supuesto que a la hora de conectar este espacio con el concourse de la torre de oficinas tocó hacer un entuerto. A ver si adivinan cuáles son las columnas de 1926 y cuáles las de 1987.

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La siguiente parada es otro clon de la catedral de Sevilla: el Miami Biltmore Hotel & Country Club de 1926, fotogeniquísimo por fuera y por dentro.

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Exhaustos y hambrientos nos arrastramos hasta la siguiente estación: el restaurante Versailles (para continuar con la temática).

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En un buen ejemplo de gerencia de costos, la balaustrada que remata la fachada está hecha de medios balaustres, logrando seguramente un ahorro del 50%.

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Yo siempre digo que en estas expediciones en busca de excesos ornamentistas hay que ignorar las iglesias y templos, porque por definición estos edificios buscan impresionar a los iletrados con las glorias de Dios. Pero mas sin embargo a veces encuentra uno cosas tan maravillosas que toca hacer una excepción.

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Y de ahí partimos rumbo a la Tierra Prometida: Hialeah.

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Las joyas en Hialeah son de dos tipos. Uno: moteles (que documentamos solo por fuera, porque somos gente decente y decorosa).

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Y dos: residencias (que también documentamos solo por fuera, por temor a que nos metieran un tiro).

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Ningún recorrido por Hialeah estaría completo sin al menos un drive-by por el Amertec Building, diseñado por Chayo Frank en 1967, pero de esto mejor hablamos otro día.

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Claro que la expedición no terminó al terminar el recorrido de ese día. Entre manejada y manejada, entre performance y cena y simposio y recepción, la vista (que es necia) no puede no ver joyitas como esta.

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Y para cerrar con broche de oro, el último día de mi estadía, cruzando Bal Harbour rumbo a cierto centro comecial, tal vez, encontramos este par de maravillas: dos bloques de apartamentos idénticos y súper genéricos pero cada uno con sendo frontón de templo jónico en el centro de su fachada frontal, para mejor curb appeal.

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Y más adelante, ya del lado de Sunny Isles Beach, una pieza que demuestra que sí puede existir un High Cholonial Style: el Acqualina Resort & Spa on the Beach and Ocean Residences.

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Así: cornisas, balaústres, bajorrelieves, capiteles, marfiles, ocres y terracotas, una torre del reloj (por supuesto) y 51 pisos de altura coronados por ménsulas gigantes y una bóveda de cobre. Aquí mejor me reservo el chistecito para que no me vayan a volver a demandar penalmente por calumnia e injuria, pero muérase de envidia, colega.

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¿Y qué nos esperaba entrando al mall? Más balaústres. Ok, Miami, te llevas puntos extra por consistencia (e insistencia).

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Pero no crean que esto era pura fregadera de paciencia. No: era un recorrido de reconocimiento para un inminente tour arquitectónico oficial y producido. Mantengan la sintonía, y vayan sacando sus visas gringas, amiguitos.

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