Los abrazos rotos, o Reseña de una película que ya no está en cartelera

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[originalmente escrito para el blog de la oficina de cine del instituto nacional de cultura de la república de panamá]

En el cine de autor abundan las tramas no lineales, desordenadas como Pulp Fiction o invertidas como Memento. Un modelo más escaso es la trama circular: una película donde a dos horas de haberte sentado te encuentras exactamente en el mismo sitio (y no hablo de tu butaca). Buen ejemplo es Lost Highway (1997) con sus créditos de entrada y salida iguales: los faros de un carro alumbran los guiones amarillos de una calle de asfalto mientras David Bowie canta al fondo. La trama empieza y termina en el mismo momento: Fred Madison toca el intercom de su apartamento y le dice al Fred Madison del principio de la película que Dick Laurent está muerto. La película que antecede y sigue a esta escena acompaña a Fred a lo largo de un rizo en el continuo espacio-tiempo que seguramente se repite eternamente. Los cronocrímenes (2007) usa el mismo truco varias veces, aunque luego de anunciar su propósito desde el título de la película, pero el rey de las tramas circulares (aunque lamentablemente no adaptado para el cine) es Finnegans Wake (1939), que empieza a la mitad de una oración cuyo principio no encontramos sino hasta las últimas líneas.

Pero ¿a qué viene todo esto? Los abrazos rotos no es una película que termina dejando a sus protagonistas en el sitio donde empezaron, empero mas sin embargo hace lo mismo en un orden de magnitud superior. La última escena deja al director exactamente en el momento en que empieza la carrera cinematográfica de Almodóvar: al momento de iniciar la edición de su primera gran película Chicas y maletas al borde de un ataque de nervios. Adentro de este esquema circular a gran escala, la trama se mueve en paralelo en el presente y quince años atrás, lo que le permite a Almodóvar jugar con dos repertorios de kitsch y referencias culturales distintas. Así, los excesos noventeros, con cineastas apasionados y amantes vestidas de Chanel, mucho Chanel, contrastan con el presente, siempre reservado y maduro.

Almodóvar parece turnar sus películas entre farsas y melodramas. Ejecuta ambos géneros con igual cariño y gracia, y esta vez hace los dos al mismo tiempo: Los abrazos rotos es un melodrama sobre la filmación de una farsa. El compartimentar de esta manera le permite flexional ambos lados de su cerebro sin mayor interferencia, pero aunque la película es como 90% melodrama, la farsa está tan bien hecha y tan bien situada que termina robándose el show. En una amenaza de circularidad, el gran final es la primera escena restaurada de la farsa, donde nos reencontramos con Chon, la concejala antropófaga, quien habla con igual lujuria de los dedos de los pies de uno de sus amantes que de los quince kilos de cocaína sin cortar que le han dejado en su piso. Así, Almodóvar nos deja no donde empezamos sino donde estábamos el año pasado cuando primero vimos el corto en youtube. Y nos deja con una bonita moraleja: que uno puede llegar a ser un artista maduro sin abandonar el gusto por el humor puberto.

Yo digo dos pulgares arriba, bien arriba.

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