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El recorrido del horror arquitectónico panameño

Y para cerrar con broche de oro las celebraciones por la publicación de la edición Kindle de la Guía de viajes Almanaque Azul Panamá, que todavía está a la venta por acá, presentamos aquí a modo de tercer abrebocas el tercero de mis tres aportes a tan importante libro: el llamado Recorrido del horror arquitectónico panameño. También escrito en 2009, esto es un resumen de mis mejores obsesiones personales, y un embrión de mis exploraciones subsecuentes. Abróchense los cinturones.

El propósito de esta sección es recomendar algunos edificios que generalmente no aparecen en las guías turísticas, o que aparecen por las razones equivocadas. Al igual que todas las ciudades del mundo, Panamá está formada por unos cuantos edificios muy buenos entre otros que son mucho menos memorables, pero entre estos últimos hay unos que sobresalen por estar en el extremo opuesto de la campana de Gauss. Naturalmente, estos monumentos se encuentran distribuidos por toda la ciudad, así que más que un recorrido lineal esta sección presenta un conjunto disperso de hitos que vale la pena ver durante su estadía. Nótese que usamos la palabra horror en su sentido más respetuoso.

El horror de lo histórico

La historia de la arquitectura de autor en Panamá empieza con los aportes del italiano Genaro Ruggieri, como el Palacio Nacional y Teatro Nacional de 1908 y el Palacio Municipal de 1910. Construidos por el gobierno de la recién independiente república, estos edificios simbolizan la gloria de esta nueva Panamá, pero si los estudiamos con una mano sobre el corazón (y con la otra sobre nuestra copia de Alberti) es evidente que son volúmenes entre convencionales y torpes vestidos en múltiples capas de adornos renacentistas. Ruggieri comprendió que de las tres virtudes vitruvianas de la arquitectura —firmeza, utilidad y belleza— la última es la más visible, y que muchas veces con apilar decoración basta. Y aunque la arquitectura decorada no es invento de Ruggieri, sus edificios son los primeros de una escuela de pensamiento que sostiene que decoración = arquitectura, y que ha producido innumerables horrores en nuestro país.

Cincuenta años después, a pocos metros del recién inaugurado Hotel Panama Hilton, ejemplo heroico de arquitectura moderna tropical, se construía la Iglesia del Carmen, una caja de concreto envuelta dentro y afuera en icing gótico, naturalmente pintado de blanco (porque el gris piedra de las catedrales medievales es tan deprimente). Y cincuenta años después, a pocos metros del Hospital Santo Tomás (que a pesar del abandono ha envejecido con bastante gracia) se levantó una adición al Hospital del Niño, clara manifestación de Ruggierismo con abundancia de cornisas y capiteles colocados arbitrariamente sobre una acumulación de extraños volúmenes. En Aprendiendo de Las Vegas, su libro de 1972, Robert Venturi et al. distinguen entre el tinglado decorado, un edificio sencillo con decoración aplicada, y el ganso, un edificio que distorsiona su forma para generar decoración. En esos términos, el Hospital del Niño representa una nueva opción aún más horrorosa: es un ganso decorado.

El horror de lo doméstico

La mayor parte del desarrollo residencial en Panamá se basa en la repetición infinita de un solo modelo de casa, como se ve desde el aire en los alrededores del aeropuerto de Tocumen. Evidentemente, nadie ve esta casa estándar como estandarte de su realidad doméstica única e individual, necesariamente distinta a la de todos los vecinos, y pronto se inicia en la barriada un proceso de divergencia gradual en la que cada casa es modificada o ampliada de manera única y exclusiva. Esto produce un barrio donde es más fácil orientarse (mejor decir que mi casa es la del frontis griego que decir que es la séptima casa amarilla), y permite estimar con bastante precisión la edad de una urbanización (observando la diferencia media entre casas). Una versión acelerada y extrema de este proceso se dio en Albrook, cuyas casas habían permanecido congeladas en la uniformidad durante sus sesenta años de existencia como una base de la fuerza aérea de los EE.UU. En 1997 la base y todas sus casas revirtieron a Panamá, e inmediatamente empezaron a remodelarse al antojo de sus dueños. El Albrook de hoy es un desfile de McMansiones donde abundan las herrerías elaboradas, las columnatas y ventanales de doble altura. Todavía sobreviven unas cuantas casas en estado cercano al original, a veces a pocos metros de un mamotreto color melocotón.

El horror de lo monumental

En los albores de la historia del monumento en Panamá se encuentra, de nuevo, Genaro Ruggieri, quien en 1930 diseñó el pedestal para la escultura de Cristóbal Colón en la homónima ciudad del caribe panameño del Canal. Esta obra, probablemente la más exitosa de su portafolio, es parte de una primera generación responsable y moderada de arte público en Panamá. Todo era mejor en aquellos tiempos. Sin embargo, en los últimos años hemos vivido una proliferación de monumentos a presidentes, papas, mártires y etnias, que si logran embellecer la ciudad es no por asociación sino por contraste. Son todos tan desafortunados que es difícil elegir un favorito. Especialmente rico en este tipo de arte público es el Parque Omar, pero para ver monumentos es mejor la antigua Zona del Canal, especialmente Amador. Si encuentra alguno que le llame la atención, lo invitamos a acercarse y estudiarlo de cerca, pues generalmente ameritan una inspección cuidadosa.

El horror de lo nuevo

La ciudad de Panamá avanza a pasos agigantados en el nuevo milenio. Orgullosa partícipe del mercado inmobiliario internacional, su skyline crece en todas las tres dimensiones y tiene Trumps y Starcks infiltrados entre sus múltiples esfuerzos locales. Las torres de apartamentos de Punta Paitilla, que antes eran una excepción en la trama de la ciudad, ahora se extienden por el resto del frente marino, con enclaves satélite en Punta Pacífica y Costa del Este. Las mejores guías turísticas por esta Panamá cambiante y especulativa (en todos los sentidos de la palabra) son las revistas inmobiliarias disponibles a la salida de supermercados y farmacias en todo el país. Bienvenidos al futuro.

La Gran Terminal de buses es un enorme hangar color melocotón que abruma todos los sentidos con una experiencia urbana concentrada: un edificio de eternas multitudes que vibra y retumba con cada diablo rojo que lo atraviesa. Al frente está Albrook Mall, Meca del Panamá comprometido al turismo de compras, que abruma los sentidos con medios y propósitos distintos. Si le gustan estas cosas (y a quién no), no puede perderse los otros tres grandes Malles (¿males?) de la ciudad: MultiCentro en Paitilla, que agoniza desde su concepción, el nuevo MetroMall en la vía Tocumen, y MultiPlaza en Punta Pacífica, que tiene tiendas y clientes más bonitos que los demás.

La ciudad de Panamá, siempre creciente y cambiante, recompensa igualmente las visitas rápidas o los estudios extendidos. No importa si busca joyas históricas, maravillas modernas, o estéticas cuestionables, hay de todo para todos, y lo invitamos a explorar y descubrir destinos inéditos. Se aceptan sugerencias.

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Les presentamos la Zona

Continuando nuestras celebraciones por la publicación de la edición Kindle de la Guía de viajes Almanaque Azul Panamá, que todavía está a la venta por acá, presentamos aquí a modo de segundo abrebocas el segundo de mis tres aportes a tan importante libro: una introducción arquitectónica y urbanística a lo que vendría siendo La Zona.

La antigua Zona del Canal, que quienes tratan de ser políticamente correctos llaman área canalera pero que todos los panameños mayores de 30 años recuerdan como La Zona, es un fenómeno urbanístico digno de estudio. Aunque pocos visitantes se van del país sin ver el Canal que la bifurca, en La Zona hay suficiente para mantener entretenidos por un par de días a los fanáticos de la historia, el paisajismo y el colonialismo yanqui.

La Zona del Canal era un territorio de los Estados Unidos establecido en 1903 y que comprendía el Canal de Panamá y las 5 millas de tierra a cada lado del mismo, excluyendo las ciudades de Panamá y Colón. Aunque formalmente se disolvió en 1979, cuando inició el proceso gradual de reversión de su territorio a Panamá que terminó en 1999, aun hoy se siente como un lugar diferente. La Zona se ha panameñizado, pero la frontera sigue siendo evidente, especialmente desde lo alto: Panamá se ve como una alfombra gris con un par de parches verdes y La Zona es una franja de bosque que va de océano a océano y rodea unas dos docenas de poblados y bases militares. Construidos para construir o dar mantenimiento al Canal, la mayoría de estos desarrollos se situaron en los alrededores de las esclusas, cerca de la costa. Aunque los hay en la ribera oeste y el la costa Atlántica, los más interesantes (que afortunadamente son los más accesibles) están en la ribera este Pacífica, al lado de la ciudad de Panamá.

La arquitectura canalera es la respuesta a las condiciones ambientales del trópico húmedo: techos en aguas con grandes aleros para guarecerse de la lluvia; amplias ventanas y paredes con celosías para fomentar la ventilación y combatir la humedad; pisos levantados del suelo para evadir los miasmas nocivos. Las primeras construcciones, de las que quedan algunas en Diablo y Gamboa, eran sencillas estructuras de madera (generalmente secuoya californiana) con techos de cobre y portales con malla para mosquitos. Los edificios posteriores, que se encuentran en las partes viejas de Albrook y de Clayton, usan concreto, techos de teja, y una estética Spanish Colonial californiana generalmente austera. Con la generalización del aire acondicionado a mediados del siglo pasado aparecen casas bajas con ventanas más pequeñas y techo metálico casi plano como las de Paraíso y Pedro Miguel.

Una buena manera de orientarse antes de explorar La Zona es desde el mirador en la cima del cerro Ancón, donde están las mejores vistas del área. Al este se ven las diferentes etapas de crecimiento de la ciudad de Panamá, desde el Casco Viejo hasta Paitilla y Punta Pacífica, pero el resto de las vistas son de La Zona: Amador al sur, Balboa y el Canal al oeste, y Albrook, Clayton y los Parques Nacionales Camino de Cruces y Soberanía al norte. Los jóvenes y fuertes pueden subir caminando, pero también se puede llegar en taxi y hacer la caminata loma abajo.

En la costa está la calzada de Amador, que conecta la homónima península con las islas de Naos, Perico y Flamenco. La calzada, de 3.5 km de longitud, fue construida con la tierra que resultó de excavar el Canal y ofrece excelentes vistas del frente marino de la ciudad de Panamá resplandeciendo en la distancia. Imposible no ver el edificio del Biomuseo, diseñado por Frank Gehry, que reinterpreta los principios de la arquitectura canalera y de la arquitectura del bosque tropical y debe inaugurar en dos años. Entre Naos y Perico está el centro de exhibiciones marinas Punta Culebra, un pequeño acuario manejado por el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales que alberga tortugas, tiburones y rayas y otras especies marinas panameñas.

En las faldas del cerro Ancón está Balboa, un poblado zonian de principios del siglo XX donde se ven los principios de arquitectura y paisajismo que rigieron la urbanización de La Zona: casas uniformes rodeadas de colinas de césped y avenidas de palmas reales. El eje central es El Prado, un campo rectangular del tamaño exacto de una esclusa del Canal, y el Edificio de la Administración del Canal (mejor conocido como “el administration building”). El edificio, que data de 1915, se desarrolla alrededor de una rotonda (a veces abierta al público) decorada con murales de la construcción del Canal. Para llegar desde El Prado hay que subir una escalinata larguísima. Los más jóvenes la suben corriendo para deslizarse loma abajo en trineos de cartón corrugado.

Las antiguas bases militares de Albrook y Clayton han cambiado de formas diferentes desde que revirtieron a Panamá. Albrook, la más cercana a la ciudad, es la que más ha cambiado: la mayoría de sus casas han sido remodeladas al antojo de los nuevos dueños y las colinas de césped del paisajismo original están ahora mayormente subdivididas por cercas o amenazadas con inminentes construcciones. Los terrenos baldíos más grandes llevan varios años de haberse convertido en “gated communities” de ningún interés. Un paisaje que se ha preservado es el centro institucional cerca de la entrada principal desde la avenida Gaillard, con ocho grandes barracas de 1942 a ambos lados del paseo Andrews. También vale la pena visitar la cercana piscina pública, que está rodeada de bosque y tiene excelente tipografía modernista.

Clayton, en cambio, ha cambiado menos. El centro cívico de la base, que durante el siglo pasado era la sede del Comando Sur de los EE UU, es ahora la Ciudad del Saber: un complejo dedicado al apoyo y promoción de empresas e instituciones educativas, de investigación e innovación tecnológica. Estos edificios están siendo restaurados más cuidadosamente, de acuerdo con un plan maestro que cuida aspectos urbanísticos y estéticos. El resultado es, naturalmente, más afortunado que en Albrook. En la Ciudad del Saber tienen su sede escuelas, universidades y organizaciones sin fines de lucro locales e internacionales, todas albergadas en antiguas barracas y edificios militares. El más interesante es el recién restaurado Ateneo, en un cine diseñado por Wright y Schay en 1935. El Ateneo presenta un variado programa de cine, conciertos, conferencias y otros eventos culturales. Para ver la programación visite ciudaddelsaber.org.

Habemus guía de viajes

Para celebrar la publicación de la edición Kindle de la Guía de viajes Almanaque Azul Panamá, y para convencerlos de que se compren su copia ya mismito antes de que se acaben, presentamos aquí a modo de abrebocas el primero de mis tres aportes a tan importante libro. Llámase este Explorando el Casco Viejo. El mismo va acompañado de un mapa explicativo que por ahora ustedes que no han comprado su copia van a tener que imaginarse. Pero no dejen que los distraiga esto, ni que como lo escribimos en 2009 se mencionen sitios ya desaparecidos o trasladados. Empecemos.

Situado en una península rocosa al este de la bahía de Panamá, el Casco Viejo de la ciudad de Panamá es uno de esos sitios que toda guía de turismo recomienda visitar, y ésta no va a ser la excepción. Además de Casco Viejo (o Casco Antiguo, si uno quiere sonar más proper), esta parte de la ciudad es conocida como San Felipe, el nombre del corregimiento con que coinciden sus límites, o como Catedral, un nombre coloquial común entre los panameños y que es tal vez el mejor para comunicarse con los taxistas. El Casco Viejo es bastante pequeño en comparación con otros centros históricos americanos. Basta con un recorrido de una o dos horas para hacerse una buena idea de qué se trata, pero también hay suficientes cosas interesantes que ver para dedicarle un día o dos. Aquí recomendamos una ruta base que puede caminarse en una hora. El recorrido está dividido en cinco segmentos, separados por desvíos opcionales para los que tienen más tiempo.

Segmento 1: La Central

La ciudad de Panamá tiene una forma estirada de este a oeste. Uno de sus principales ejes en esta dirección es la extensión de un camino colonial, el camino de la Sabana, que comunicaba la ciudad con su periferia inmediata. Actualmente esta vía se extiende desde el Casco Viejo hasta el aeropuerto de Tocumen, cambiando de nombre varias veces. El segmento más occidental, entre la plaza Cinco de Mayo y el Casco Viejo, es la avenida Central. La principal arteria comercial de la ciudad hasta finales del siglo XX, la Central era una calle llena de buses con aceras llenas de buhoneros y tiendas llenas de gente. Gran parte de esta energía se disipó en los noventa cuando se la hizo un paseo peatonal con fuentes, maceteros y palomares y un nuevo pavimento de cemento estampado y teñido para semejar las calles del Casco Viejo. Pero todavía hay almacenes buenos para buscar gangas y vendedores ambulantes, incluyendo la mejor carne en palito de este lado del río Santa María, usualmente frente al almacén La Pantera Rosa.

Dependiendo del día de la semana y la época del año, caminar la Central puede ser una actividad tranquila (un lunes por la mañana) o abrumadora (el primer sábado después del inicio de clases). La mayor parte de la acción está a nivel de la vista, pero vale la pena mirar hacia arriba de vez en cuando. Los edificios que bordean la Central van de lo sencillo y utilitario hasta lo ricamente decorado: enyesados de los veinte, mosaiquillos de los cincuenta y esperpentos de los ochenta, casi siempre escondidos detrás de marquesinas que anuncian los comercios de planta baja. Los favoritos de los críticos locales incluyen, en el cruce con la calle 17, el Banco Nacional [1.1] (Gustav Schay, 1938), un edificio entre Streamline y Art Decó, y el también Streamline edificio Kodak [1.2] (Gustav Schay, 1946); el Banco General en la planta baja de éste último tiene interiores Decó Miami Vice bastante más recientes. Más adelante, en el cruce con calle 13, está el derroche Decó del edificio Antonio o La Pollera [1.3] (Leonardo Villanueva, 1928).

Desvío A: salsipuedes y el barrio chino

El segmento de calle 13 este entre la avenida Central y la avenida B es la bajada de Salsipuedes, apretada con buhoneros que venden libros y revistas de segunda mano, parafernalia para bailar típico y otras chucherías. Cruzando la avenida B llegamos al barrio chino. La mejor hora para explorarlo es por la mañana, pero sólo porque así podemos desayunar en el restaurante Kwang Chow [A.1], en la avenida B y calle 14. Especialmente recomendamos el chee cheong fun de puerco, los ham paos asados y rollos de primavera. Otra posible fuente de sustento son las fondas del mercado San Felipe Neri [A.2], en avenida B y avenida Balboa.

Segmento 2: Parque de Santa Ana y el intramuros

La calle 13 es también el límite del Conjunto Monumental Histórico del Casco Antiguo de Panamá, establecido en 1976 y expandido e inscrito como Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1997. Este extremo del Conjunto Monumental incluye una parte del arrabal de la ciudad colonial que mantiene edificios y espacios de valor histórico intercalados con intervenciones más recientes, como sucede en el resto del barrio.

Antes de entrar al Casco Viejo vale la pena visitar dos emporios del kitsch panameño situados justo afuera de sus límites. El Machetazo [2.1] es un popular supermercado y tienda por departamentos donde se puede comprar guayaberas de poliéster, salsa picante y útiles escolares. Al lado, Casa Zaldo [2.2] es un buen sitio para buscar tarjetas postales (especialmente productiva es la pila de postales viejas). El parque de Santa Ana y su homónima iglesia de 1764 [2.3] ofrecen sombra y tranquilidad cerca de buenos lugares para comer. El Café Coca-Cola [2.4] tiene buen café (y buena Coca-Cola), y en Pío-pío [2.5] hay chicha de maracuyá, pollo frito y las mejores carimañolas —frituras de yuca molida rellenas de carne— de la ciudad.

Continuando por la avenida Central nos internamos en el Casco Viejo. Esta ciudad de Panamá se fundó en 1673 tras la destrucción de la ciudad original durante el ataque del pirata Henry Morgan en 1671. Para evitar nuevos asaltos, la nueva ciudad se rodeó con una muralla, ahora demolida casi completamente. Originalmente todo cabía dentro de los muros, excepto naturalmente las casas de los pobres y sirvientes (relegadas al arrabal), pero después de varios ciclos de esplendor y desolación, y de fuegos grandes y chicos, a partir de 1913 se inició un éxodo de familias pudientes hacia los nuevos suburbios, convirtiendo sus viejas casonas en casas de inquilinato. Grandes sectores del barrio se deterioraron y muchos edificios fueron demolidos y sustituidos por anodinos multifamiliares. En 1997 se establecieron incentivos fiscales para promover la restauración en el Conjunto Monumental, lo que generó una ola de proyectos de remodelación (precedida de una ola mucho mayor de especulación inmobiliaria) que hizo que parte del Casco Viejo se volviera súbitamente el sitio más chic para vivir o beber en la ciudad. Poco después las volubles masas se desplazaron a sitios aún más chic, y los café-bares y martini lounges cerraron. Después de reventada esa primera burbuja el desarrollo del Casco ha sido más mesurado y, generalmente, más acertado. En 2000 se estableció la Oficina del Casco Antiguo (www.cascoantiguo.gob.pa), una oficina gubernamental que orienta la puesta en valor del barrio integrando turismo, cultura y vivienda popular.

Una buena primera escala es la Casa Museo Endara [2.6] (en calle 12): un edificio restaurado en 2008 que alberga una colección de fotografías que documentan la alta sociedad y la vida cotidiana del Panamá de principios del siglo XX. Avanzando por la avenida Central llegamos a la casa de la municipalidad [2.7], construida exactamente en el sitio donde estaba la Puerta de Tierra de la ciudad. Al otro lado de la avenida Central está el viejo Citibank [2.8] (1928), de un severo estilo Art Decó y que visitaremos más tarde, y unos pasos más adelante está la iglesia de La Merced [2.9]. Construida a finales del siglo XVII, La Merced tiene una fachada de piedra con nichos y columnas, y torres cuadradas rematadas con cúpulas. Únicas en la ciudad son las dos capillas exteriores, que tienen fachadas decoradas con complicadas combinaciones de cornisas y frontones.

Desvío B: Plaza Herrera

Bajemos una cuadra por calle novena hasta la plaza Herrera, en un sector del Casco Viejo mayormente libre del flagelo del aburguesamiento pero algo menos seguro que el resto del barrio. La mejor razón para visitarlo es ver el baluarte Mano de Tigre [B.1], el único segmento del frente de tierra de la muralla colonial que sobrevive. Al lado está la casa Boyacá [B.2], construida originalmente hacia 1890 y cuidadosamente reconstruida en 2006. En las inmediaciones de la plaza Herrera no hay mucho más que hacer a menos que sea viernes o sábado después de las diez de la noche. En la mitad trasera del edificio del Citibank está La Casona [2.8](www.enlacasona.com), con un espacio de triple altura con galería de arte y escenario donde generalmente hay buena música y siempre hay buenas cervezas. En la otra esquina, en calle octava y la avenida A está Los baños públicos: probablemente el establecimiento más alternativo y underground de la ciudad, donde se hacen conciertos bien underground para una audiencia bien alternativa.

Segmento 3: Plaza Catedral

El corazón del Casco Viejo es la plaza Catedral, rodeada de los edificios más importantes de la ciudad colonial. Al oeste está la Catedral [3.1] (1688-1796), con una fachada central de piedra flanqueada por torres adornadas con concha de nácar. Al sur encontramos el Palacio Municipal [3.2] (Genaro Ruggieri, 1910), un edificio blanco cubierto de decoraciones tardorrenacentistas con un pequeño museo de historia en la planta baja. Al lado está el Museo del Canal Interoceánico de Panamá [3.3] (www.museodelcanal.com), en un edificio construido en 1875 y renovado en 1996. Vale la pena pasar un par de horas en este museo, que cuenta la historia de Panamá como sitio de tránsito desde la época colonial hasta nuestros días. La plaza misma ha sido remozada varias veces desde los tiempos coloniales: los pavimentos actuales son de los años ochenta y el quiosco, originalmente construido a finales del siglo XIX y sustituido en los ochenta por una fuente, fue reconstruido en los noventa. Los otros edificios que rodean la plaza Catedral han sido renovados sin pena ni gloria, están abandonados o están siendo arruinados por despiadadas remodelaciones que violentan todas las normas establecidas para preservar el Casco Viejo (nótese especialmente el desafortunado lado este de la plaza), así que es mejor que continuemos por la avenida Central.

Desvío C: Avenida A

Si recorrer todas las galerías del Museo del Canal le abre el apetito, puede caminar hasta el deli Super Gourmet [C.1] en avenida A y calle sexta, donde hacen buenos emparedados y ensaladas. También en avenida A (en la esquina con calle séptima) están las ruinas de la iglesia de la Compañía de Jesús [C.2], que están siendo restauradas para albergar un pequeño jardín botánico. Al frente está Diablo Rosso [C.3], una galería, café y boutique muy chic que también tiene juegos de mesa. Más adelante en la avenida A y calle octava está la iglesia de San José [C.4], de fachada sencilla y una sola torre, pero con los mejores altares del Casco Viejo. La pieza estelar es el fotografiadísimo Altar de Oro, que debe su nombre al pan de oro que originalmente recubría sus ricas decoraciones barrocas.

Segmento 4: Avenida Central 

Siguiendo por la avenida Central encontramos FritArte [4.1], donde puede uno desayunar y comprar camisetas. En el cruce con calle cuarta está la Casa Góngora [4.2] (1760), una de las pocas casas realmente coloniales que sobreviven en el Casco Viejo, y que fue meticulosamente restaurada en 1999. Actualmente funciona como centro cultural y se usa para exposiciones y conciertos. Al otro lado de la avenida Central está Granclément [4.3], una heladería artesanal a la francesa que vende helados y nieves de primer mundo a precios de primer mundo. Recomendamos especialmente todos los 40 sabores.

Desvío D: Plaza Bolívar

Una cuadra al norte de la avenida Central, entre las calles cuarta y tercera, está la plaza Bolívar. Recomendamos llegar por calle cuarta, que tiene varias tiendas de artesanías panameñas y latinoamericanas de todas las calidades y precios. En avenida B y calle tercera está el Teatro Nacional [D.1] (Genaro Ruggieri, 1908), con decoraciones renacentistas un poco más exitosas que las del Palacio Municipal. La iglesia de San Francisco de Asís [D.2], al otro lado de la calle, fue remodelada por Leonardo Villanueva en los años veinte en un fantasioso estilo románico.

Si de día la plaza está llena de funcionarios y unos cuantos vendedores de artesanías, es mejor visitarla a la hora de la cena. En la esquina de calle cuarta con avenida B está Casablanca [D.3], un restaurante bastante popular en la planta baja del edificio Hotel Colombia (Leonardo Villanueva, 1937). Los viernes y sábados hay multitudes y música en vivo a todo volumen; el resto de la semana hay menos gente y un playlist que consiste exclusivamente de Nouvelle Vague y Rhythms del Mundo. Al lado, en un local mínimo, está Ciao Pescao [D.4], con un menú igual de mínimo compuesto de nouvelle-ceviche, emparedados y cerveza. En la otra esquina del parque está Ego y Narciso [D.5], con excelentes mojitos, aperitivos y platos fuertes peruanos-fusión. Y ninguna lista de restaurantes del Casco Viejo estaría completa sin Manolo Caracol [D.6] (en calle tercera y avenida Central), donde la experiencia siempre es memorable. El menú prix fixe es un desfile de una docena de platos preparados con ingredientes frescos y locales, y en las paredes del restaurante cuelga arte igualmente fresco y local; ambos cambian varias veces al año.

Segmento 5: Arco Chato y Las Bóvedas

Siguiendo calle tercera hasta avenida A llegamos a las ruinas del convento de Santo Domingo [5.1], en restauración desde 2005. Su afamado Arco Chato, que originalmente soportaba el coro de la iglesia, se sostuvo por más de 300 años pero se desplomó en 2003. Como no podía perderse un icono de esa categoría (al que legendariamente se debe que haya canal en Panamá y no en Nicaragua), el arco fue reconstruido en 2007, esta vez usando las más banales técnicas de construcción moderna y enchapado con los ladrillos del original. Este nuevo monumento histórico sigue en pie. El museo de Arte Religioso [5.2], en la capilla al lado de las ruinas, está también siendo restaurado.

Al final de la avenida A y de este recorrido llegamos al paseo Esteban Huertas, que corre por encima de la muralla colonial. El primer segmento, sombreada por buganvilias, usualmente tiene indígenas kuna vendiendo molas y otras artesanías, y más adelante hay una excelente vista hacia el este de la ciudad de Panamá, con el perfil arrascacielado de punta Paitilla, Punta Pacífica y Costa del Este. Un poco después, al girar la esquina de punta Chiriquí, se abre una vista igual de excelente hacia el oeste, con la calzada de Amador, puente de las Américas y cerro Cabra al fondo. Abajo está la plaza de Francia [5.3] (Leonardo Villanueva, 1922), que conmemora con un obelisco y varios bustos el intento francés de construir un canal a través de Panamá. El edificio blanco a un lado es la sede del Instituto Nacional de Cultura (Rogelio Navarro, 1932), cuyo teatro Anita Villalaz [5.4] se usa a veces para conciertos y espectáculos. En las bóvedas debajo de la muralla, que dan su nombre coloquial al área, hay un restaurante y una galería de arte.

No es casual que terminemos nuestro recorrido aquí. El paseo encima de la plaza de Francia es un excelente sitio para ver el atardecer, repasar lo visitado y planear las siguientes partes de este viaje por Panamá. Y no importa si nos demoramos: desde el mismo sitio también hay buenísimas vistas del amanecer.

 

Darién va a Primavera Sound so you don’t have to. Epílogo.

Pero si creen que porque se nos acabó el Primavera Sound vamos a colgar los guantes y dejar de estar obsesivamente diddling nuestra pantallita están muy equivocados. Twitto ergo sum.

Ahora sí. C’est tout, c’est fini. Nos vemos el otro año.

Darién va a Primavera Sound so you don’t have to. Día 3.

Y así llegamos al tercer día de nuestra reseña de los tres días de Primavera Sound. Espero que hayan memorizado los anteriores. ¡Rápido! ¡Lean! ¡No hay tiempo! ¡Luego les explico!

Misión cumplida. Final feliz. Cae el telón. Fin del comunicado. El último en salir que apague la luz, plis.

Darién va a Primavera Sound so you don’t have to. Día 2.

Maestro de ceremonias: ¿Que qué hora es, niños y niñas?

El público (en coro y gritado): ¡Es hora de Panameños en el Primavera Sound Festival!

Maestro de ceremonias: ¡Sí señores buenas noches y gracias y bienvenidos! Estamos aquí en vivo y en directo, igual que todas las noches anteriores, releyendo unos tweets de la semana pasada, pero en familia, como dios manda. ¡Tómense de las manos y persígnense y acompáñennos!

Maestro de ceremonias: Suficiente por hoy, carajo. Pa la casa todos. Pero regresen mañana, para el gran final en el tercer día que es en el que va la vencida. ¡Los esperamos!

*Todos aplauden mucho*

Darién va a Primavera Sound so you don’t have to. Día 1.

Otra noche, otro episodio de la serie más popular de Panamá: ¿Dónde en el mundo está Primavera Sound? En el episodio de hoy, tras la aventura de la noche anterior, nuestros héroes acuden al recinto del Parc del Forum en busca de cerveza, hipsters y música cool. Acompañémoslos.

Exhaustos y victoriosos, y ya de día, emprendieron el regreso. ¿Listos para el siguiente episodio? ¡Atentos porque la cosa mejora!