El recorrido del horror arquitectónico panameño

Y para cerrar con broche de oro las celebraciones por la publicación de la edición Kindle de la Guía de viajes Almanaque Azul Panamá, que todavía está a la venta por acá, presentamos aquí a modo de tercer abrebocas el tercero de mis tres aportes a tan importante libro: el llamado Recorrido del horror arquitectónico panameño. También escrito en 2009, esto es un resumen de mis mejores obsesiones personales, y un embrión de mis exploraciones subsecuentes. Abróchense los cinturones.

El propósito de esta sección es recomendar algunos edificios que generalmente no aparecen en las guías turísticas, o que aparecen por las razones equivocadas. Al igual que todas las ciudades del mundo, Panamá está formada por unos cuantos edificios muy buenos entre otros que son mucho menos memorables, pero entre estos últimos hay unos que sobresalen por estar en el extremo opuesto de la campana de Gauss. Naturalmente, estos monumentos se encuentran distribuidos por toda la ciudad, así que más que un recorrido lineal esta sección presenta un conjunto disperso de hitos que vale la pena ver durante su estadía. Nótese que usamos la palabra horror en su sentido más respetuoso.

El horror de lo histórico

La historia de la arquitectura de autor en Panamá empieza con los aportes del italiano Genaro Ruggieri, como el Palacio Nacional y Teatro Nacional de 1908 y el Palacio Municipal de 1910. Construidos por el gobierno de la recién independiente república, estos edificios simbolizan la gloria de esta nueva Panamá, pero si los estudiamos con una mano sobre el corazón (y con la otra sobre nuestra copia de Alberti) es evidente que son volúmenes entre convencionales y torpes vestidos en múltiples capas de adornos renacentistas. Ruggieri comprendió que de las tres virtudes vitruvianas de la arquitectura —firmeza, utilidad y belleza— la última es la más visible, y que muchas veces con apilar decoración basta. Y aunque la arquitectura decorada no es invento de Ruggieri, sus edificios son los primeros de una escuela de pensamiento que sostiene que decoración = arquitectura, y que ha producido innumerables horrores en nuestro país.

Cincuenta años después, a pocos metros del recién inaugurado Hotel Panama Hilton, ejemplo heroico de arquitectura moderna tropical, se construía la Iglesia del Carmen, una caja de concreto envuelta dentro y afuera en icing gótico, naturalmente pintado de blanco (porque el gris piedra de las catedrales medievales es tan deprimente). Y cincuenta años después, a pocos metros del Hospital Santo Tomás (que a pesar del abandono ha envejecido con bastante gracia) se levantó una adición al Hospital del Niño, clara manifestación de Ruggierismo con abundancia de cornisas y capiteles colocados arbitrariamente sobre una acumulación de extraños volúmenes. En Aprendiendo de Las Vegas, su libro de 1972, Robert Venturi et al. distinguen entre el tinglado decorado, un edificio sencillo con decoración aplicada, y el ganso, un edificio que distorsiona su forma para generar decoración. En esos términos, el Hospital del Niño representa una nueva opción aún más horrorosa: es un ganso decorado.

El horror de lo doméstico

La mayor parte del desarrollo residencial en Panamá se basa en la repetición infinita de un solo modelo de casa, como se ve desde el aire en los alrededores del aeropuerto de Tocumen. Evidentemente, nadie ve esta casa estándar como estandarte de su realidad doméstica única e individual, necesariamente distinta a la de todos los vecinos, y pronto se inicia en la barriada un proceso de divergencia gradual en la que cada casa es modificada o ampliada de manera única y exclusiva. Esto produce un barrio donde es más fácil orientarse (mejor decir que mi casa es la del frontis griego que decir que es la séptima casa amarilla), y permite estimar con bastante precisión la edad de una urbanización (observando la diferencia media entre casas). Una versión acelerada y extrema de este proceso se dio en Albrook, cuyas casas habían permanecido congeladas en la uniformidad durante sus sesenta años de existencia como una base de la fuerza aérea de los EE.UU. En 1997 la base y todas sus casas revirtieron a Panamá, e inmediatamente empezaron a remodelarse al antojo de sus dueños. El Albrook de hoy es un desfile de McMansiones donde abundan las herrerías elaboradas, las columnatas y ventanales de doble altura. Todavía sobreviven unas cuantas casas en estado cercano al original, a veces a pocos metros de un mamotreto color melocotón.

El horror de lo monumental

En los albores de la historia del monumento en Panamá se encuentra, de nuevo, Genaro Ruggieri, quien en 1930 diseñó el pedestal para la escultura de Cristóbal Colón en la homónima ciudad del caribe panameño del Canal. Esta obra, probablemente la más exitosa de su portafolio, es parte de una primera generación responsable y moderada de arte público en Panamá. Todo era mejor en aquellos tiempos. Sin embargo, en los últimos años hemos vivido una proliferación de monumentos a presidentes, papas, mártires y etnias, que si logran embellecer la ciudad es no por asociación sino por contraste. Son todos tan desafortunados que es difícil elegir un favorito. Especialmente rico en este tipo de arte público es el Parque Omar, pero para ver monumentos es mejor la antigua Zona del Canal, especialmente Amador. Si encuentra alguno que le llame la atención, lo invitamos a acercarse y estudiarlo de cerca, pues generalmente ameritan una inspección cuidadosa.

El horror de lo nuevo

La ciudad de Panamá avanza a pasos agigantados en el nuevo milenio. Orgullosa partícipe del mercado inmobiliario internacional, su skyline crece en todas las tres dimensiones y tiene Trumps y Starcks infiltrados entre sus múltiples esfuerzos locales. Las torres de apartamentos de Punta Paitilla, que antes eran una excepción en la trama de la ciudad, ahora se extienden por el resto del frente marino, con enclaves satélite en Punta Pacífica y Costa del Este. Las mejores guías turísticas por esta Panamá cambiante y especulativa (en todos los sentidos de la palabra) son las revistas inmobiliarias disponibles a la salida de supermercados y farmacias en todo el país. Bienvenidos al futuro.

La Gran Terminal de buses es un enorme hangar color melocotón que abruma todos los sentidos con una experiencia urbana concentrada: un edificio de eternas multitudes que vibra y retumba con cada diablo rojo que lo atraviesa. Al frente está Albrook Mall, Meca del Panamá comprometido al turismo de compras, que abruma los sentidos con medios y propósitos distintos. Si le gustan estas cosas (y a quién no), no puede perderse los otros tres grandes Malles (¿males?) de la ciudad: MultiCentro en Paitilla, que agoniza desde su concepción, el nuevo MetroMall en la vía Tocumen, y MultiPlaza en Punta Pacífica, que tiene tiendas y clientes más bonitos que los demás.

La ciudad de Panamá, siempre creciente y cambiante, recompensa igualmente las visitas rápidas o los estudios extendidos. No importa si busca joyas históricas, maravillas modernas, o estéticas cuestionables, hay de todo para todos, y lo invitamos a explorar y descubrir destinos inéditos. Se aceptan sugerencias.

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  1. Tomas

    Excelente. Discrepo en un punto. Multicentro no “agoniza” desde su concepción. Es el mejor y más grande y obvio monumento al lavado de dinero que se ha hecho en la historia de la República, incluyendo sus adiciones del Radisson y el Hard Rock Hotel. Un mall medio vacío 10 años que construye hoteles nuevos. Y se nos olvida el mall de Plaza Paitilla, con su concepto de tiendas en un laberinto (pa que nadie las encuentre) que llevan abandonadas más de 20 años. Algún día se escribirá la crónica económica del “boom” inmobiliario de fines de la primera década del siglo XXI, y la astronómica cantidad de dinero de los narcos que lavaron. Coronaron esa vuelta papa!!!!

  2. Rocky

    Es muy acertada tu apreciación, pero indiferentemente de la concepción de las edificaciones un tema que se debe abordar de forma inmediata es el tema urbanístico, lo menciono debido a que yo soy Planificador urbano. Existen una diversidad de deficiencias en el sistema urbano actual, algunos son sencillos de resolver otros ameritan mayores esfuerzos.

    Por ejemplo, una de las características mas elementales que debe fortalecerse es la señalización, los carteles que nos indican donde estamos, a donde vamos, como llegar, que autobus tomar, plazas cercanas, estos carteles comprenden un elemento que te da seguridad y te ayuda a ahorrar tiempo en la ciudad.

    Otro aspecto importante es el diseño de la vialidad peatonal, esto esta muy relacionado con el perfil de las calles, las calles en los lugares que no se ve interrumpida por una construcción, son estrechas, están en mal estado y no están equipadas. En otros países las aceras de avenidas importantes y calles locales cuenta con una amplitud considerable, cada una a su escala, la misma tiene bancos para sentarse a descansar, kioskos, cestas de basura, ciclovias, y estacionamientos de bicicletas y sin duda alguna lo mas importante arboles.

    En este ultimo aspecto hago énfasis, los arboles son primordiales para el mejoramiento de la calidad de vida, citando un ejemplo claro a la calle 50 le falta carácter, es decir le faltan aceras anchas, arboles, que se convierta en una avenida a la altura de los edificios que alberga. la presencia de arboles le da carácter a demás da una plataforma para que el transito peatonal se mueva cómodamente caminando.

    Por otro lado se encuentran otras problemáticas,

    Una es la falta vinculación entre los espacios públicos, los mismos deben conformar un sistema.

    Faltan con urgencia espacios públicos, lugares de encuentro y me refiero a las plazas, no a las comerciales, si no a las plazas tradicionales, donde puedes descansar en tu hora de almuerzo, puedes jugar ajedrez, compartir con tus amigos, se pueden dar conciertos gratuitos, etc.

    El problema del transito vehicular es delicado, la cantidad de horas hombre que pierde la ciudad es increíble, pero la alternativa del metro alivia, el metro tiene que seguir proliferándose con nuevas rutas y se tiene que articular con otros sistemas, como tranvías etc.

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