En Exclusiva: Ricardo J. Bermúdez 100 años

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Tal vez haya tenido que quemar todos mis cartuchos de bloguero y arquitecto y profesor y autopublicado autor, pero miren lo que tengo en mis manos: una copia de la limitadísima (¡50 copias numeradas!) primera edición de Ricardo J. Bermúdez 100 años, el catálogo de la homónima exhibición monográfica retrospectiva curada por los amigos de Modernistmo (i. e. Héctor Ayarza) y mostrada en agosto de 2014 en el entonces salón 109 de la entonces Facultad de Arquitectura (ahora el salón Ricardo J. Bermúdez de la Facultad de Arquitectura y Diseño) de la Universidad de Panamá.

Espero que todos hayan oído de Ricardo Bermúdez, aunque sea por su rol como 33.33% de De Roux, Bermúdez y Brenes. Insigne arquitecto, profeta del modernismo en nuestra patria tan pequeña tendida sobre un istmo donde los volúmenes juegan sabios, correctos y magníficos bajo el más brillante sol. Siendo uno de los pocos Arquitectos de Panamá, como sucedía en esos tiempos, Bermúdez encaminó la arquitectura de nuestro país, y su influencia es evidente en mucha de la obra que aún se construye por estos lares. Su generación educó a quienes educaron a esta generación, y su diseño del campus universitario adonde nos graduamos la gran mayoría de los arquitectos panameños nos marca, aunque sea muy subliminalmente. Aún así, su obra está en gran parte archivada o desfigurada. Como dice Héctor Ayarza (“el compilador”) en su introducción:

[La condición de su obra] arquitectónica, aunque todavía queda gran parte en pie, […] es casi imperceptible en la ciudad de Panamá; y la poética reposa, en gran mayoría, en bibliotecas públicas y colecciones privadas.

La exhibición de 2014 y este catálogo son un primer paso para solventar esta situación, compilando material original publicado a mediados del siglo pasado —proyectos arquitectónicos, ensayos y poesía— y poniéndolo a la vista del público contemporáneo, esa gente acostumbrada a solo consultar la primera página de resultados del Google. Puede que la selección sea pequeña y las reseñas breves, pero el propósito de este librillo es instarlo a uno a hacer la tarea: a analizar e investigar más.

Mi mitad bibliófila y fetichista no puede dejar de salivar ante el libro como objeto, en su inmaculada cubierta de cartulina blanca y estuche de plástico negro (finamente calado a láser por los amigos de Laser Cutting Shop® y ensamblado a mano por el compilador). Nomás que a mi mitad neurótica OCD le quita el sueño que el caladito del estuche no coincida exactamente con su contraparte impresa en el libro. Queda para la segunda edición, espero. Pero procedamos a ponernos guantes de algodón blanco y ojear (y hojear) el contenido.

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El catálogo arranca con una selección de proyectos arquitectónicos todos taquilleros, incluyendo su descaradamente corbusiana propuesta para el concurso de diseño del Ministerio de Hacienda y Tesoro y Contraloría…

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…y el edificio donde Darién Quiere Que Le Compren un apartamento.

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Naturalmente, esta sección cierra con el campus de la Universidad de Panamá, mostrado aquí en su estado original aunque para estos tiempos, y al igual que la mayoría de sus edificios que sobreviven, se encuentra sepultado bajo infinidad de adiciones, remodelaciones y decoraciones. Cada vez que un muralista agarra una brocha, Bermúdez se voltea en su tumba.

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Aunque esta sección con figuritas seguramente va a ser la más utilizada, la segunda mitad del catálogo es donde está la sustancia.

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Arranca con mi ensayo favorito, La arquitectura viva (1944), que incluye esta perla que también debería tatuarse en el pecho todo estudiante de arquitectura:

La arquitectura no puede ser una colección de estilos, un manual histórico y frío de proporciones y normas universales y eternas, A este respecto creo que ya estamos de acuerdo al comprobar el papel definitivo que desempeña ésta al servicio del hombre. Sin embargo, muchas de las cosas que aún se hacen en el mundo son resabios de los siglos pasados, porque el arquitecto sigue claudicando, cediendo al capricho profano que exige despiadadamente ilógicos monumentos a su orgullo y su ignorancia. Quien así se entera no está realizando honestamente el ejercicio de la arquitectura sino simplemente reconstruyendo, como cualquier otro embalsamador, horrorosos cadáveres de arquitectura de tiempos pasados.

Oh snap. Tell it like it is, Dicky. Capricho profano, ilógicos monumentos, orgullo e ignorancia, horrorosos cadáveres de arquitecturas de tiempos pasados. Evidentemente yo no podría haberlo dicho mejor. Y no quiero ni pensar en su rabia cuando se entere que ya hasta las normas universales y eternas se han dejado de lado, y que nuestros arquitectos de embalsamadores se han graduado a Re-Animators.

Después de una entrevista y otro ensayo viene una selección de poesía, pero como yo todavía no he desarrollado esas sensibilidades mejor se las dejo de sorpresa.

Y la pregunta: ¿cómo hacen ustedes, meros mortales, para comprar su propia copia? Pues qué bueno que preguntan, porque justo mañana miércoles va a ser la ceremonia de lanzamiento del libro en nuestro Ateneo de Ciencias y Arte. Y dice:

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El compilador y el principal mecenas: palabras mayores. Ahí estaremos, así que al menos pasen a saludar. Y lleguen temprano y con cash, floss, chenchén en mano (cuarenta palitos patí), porque la edición es limitadísima.

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