Clímax, anticlímax.

¿Se acuerdan de la intervención de los maridos de alquiler sobre Los pilares de la patria? Pues dicho y hecho ayer amanecimos con un cerco completo de pancartas. Así que no, no era un ácido comentario artístico sobre los rapiñeos oportunistas de la propaganda, sino un honesto rapiñeo oportunista de la propaganda. Y ni siquiera era de los más descarados, porque parece que los maridos de alquiler están restaurando el malogrado magno monumento, y que aprovechadon los letreros que no han colgado en la Panamericana para discretamente ocultar sus labores. Allá van mis teorías de conspiración.

Lección aprendida: existen también esposas de alquiler, que en el contexto de señora que uno llama para que barra y cocine suena medio sexista.

Final trágico: ya esta tarde los habían hecho quitar la propaganda, o voltearla para adentro. A ver si el campesino, el afrocolono y el hombre blanco requieren de alquilar cónyuges.

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    • Darién

      me temo que el final va a ser más anticlimático todavía. Vuelven a levantar a la señora, limpian el caliche, de repente los maridos arreglan un par de mosaicos y todos (des)contentos.

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