Nueva política de puertas abiertas

Dice la gente que no sabe citar a Giambattista Vico que la historia se repite en espiral.

Como buen proyecto zombi que insiste en reasomar su cabeza cada cinco años, el sábado La Prensa se dio cuenta que nuestro SPI ha retomado con ahínco y fortaleza —como consistentemente lo ha hecho cada administración desde el toro— el tema de la instalación de verjas bloqueando las calles del Casco Antiguo. Dice La Prensa:

Como “elementos discordantes”, que afectan la fisonomía del centro histórico y su autenticidad, catalogó la directora de Patrimonio Histórico del Instituto Nacional de Cultura (INAC), María Isabel Arrocha, los portones instalados por el Servicio de Protección Institucional (SPI) en los accesos a la Presidencia de la República y calles adyacentes al Casco Antiguo.

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No shit. Pero la trama se complica. Amplía La Prensa:

La decisión del [SPI], de instalar 10 juegos de portones para amurallar los accesos a la Presidencia de la República y calles adyacentes al Casco Antiguo, fue avalada por la Dirección de Patrimonio Histórico del [INAC].

Sin embargo, los residentes del lugar no están de acuerdo con los portones, alegando que no se les consultó, y ahora exigen que se desmonten, especialmente los de la avenida B. […]

María Isabel Arrocha, directora de Patrimonio Histórico del INAC, explicó a este diario que en septiembre pasado el SPI, dirigido por el comisionado Eric Estrada, presentó ante ese departamento una propuesta para la instalación de las puertas de hierro. […]

Arrocha agrega que la iniciativa fue avalada por la Comisión Nacional de Arqueología y Monumentos Históricos […].

No obstante, dejó claro que “se les recomendó presentar una nueva propuesta que respete los principios y las reglamentaciones vigentes para el Casco Antiguo”.

Por esa razón, dijo la funcionaria, se les propuso la utilización de elementos temporales que pudieran instalarse en momentos críticos y que luego los mismos pudieran ser retirados, ya que estos portones son considerados como “elementos discordantes” del centro histórico.

El SPI […] renovó los portones e instaló otros nuevos.

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Cada vez más portones cada vez más grandes y más feos (digo, miren esas volutas y puntas de lanza doradas) en un perímetro de seguridad cada vez más amplio alrededor de una Presidencia cada vez más empalizada.

Por su parte, Estrada explicó que ellos sí consultaron con la comunidad. Dice que las estructuras son “desmontables” y forman parte de las medidas para garantizar la seguridad en el Palacio de las Garzas, tras “las constantes protestas que se dan en ese sector, unas más violentas que otras”. […]

“Ahora, si usted observa, nuestras cercas están justamente donde estaban las anteriores. Simple y llanamente que tienen un modelo más colonial que las anteriores, que rayaban con el entorno cultural y formaban parte de la contaminación visual del Casco.

Simple y llanamente un modelo más colonial que las anteriores. Porque estas son mejores y más históricas y bellas. Nota bene: esto no es del todo cierto. Estos mamotretos color uniforme de SPI casi lo hacen a uno extrañar las verjitas de los albores de la administración Martinelli. Buenos tiempos, aquellos.

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Pero continuemos:

[Las cercas anteriores r]epresentaban, además, un peligro para nuestras propias unidades y ciudadanos que las tocaban y se cortaban. Las puertas están ahí, pero están abiertas. Este gobierno no puso esas puertas, llevan más de cuatro administraciones ahí”.

Y agregó: “lo único que nosotros hemos hecho fue quitar las puertas viejas e instalar nuevas y hacerlo en consulta con la ciudadanía”.

Nota bene: esto, al igual que el cuento de lo colonial que son las puertas, tampoco es del todo cierto. Las puertas en la plaza Bolívar, en las calles tercera y cuarta, son nuevas. También lo son las de avenida B. Pero continuemos:

Estrada indicó, además, que el juego de los 10 portones costó 53 mil dólares y que se hizo a través de una compra directa. No obstante, el documento no aparece en el sitio web de Panamá Compra. A su vez, reiteró que los portones permanecen abiertos, sin embargo, durante el recorrido que hizo este medio se observó que en horas de la noche algunos se encuentran cerrados.

Un ejemplo de ello es el portón ubicado en calle Séptima, que colinda con la cinta costera 3.

Entonces, estas otras cosas tampoco eran del todo ciertas. Pero continuemos:

Sobre las bases colocadas en avenida B, confirmó que durante su instalación se colocaron los portones, como parte de una prueba. Aseguró que si tienen que montarse por algún tema de seguridad se hará, reiterando que los mismos son desmontables. “Tres hombres pueden quitar fácilmente los portones”, precisó.

Nota bene: esto tampoco es del todo cierto. Supongo que tres hombres  pueden fácilmente quitarlos si tienen un soplete o una buena cuadrilla de bueyes.

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Y seguramente al equipo periodístico se le pasó preguntar si los anclajes a los muros de los edificios (esos que sí son más coloniales) fueron aprobados por Patrimonio Histórico o, digamos, por los dueños de los inmuebles.

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Pero esas son nimiedades. Concentrémonos en las buenas noticias: que las puertas son más coloniales, y que son desmontables, y que están abiertas. Nada que ver aquí. Avance, ciudadano.

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