Liviandades de domingo: parece que todavía soy un columnista

Si todavía no son suscriptores de LATERAL//, capaz que no se han enterado que sí me dejaron hacerles una tercera columna, con todo y esas dos primeras. Esta se llama VIVIR PARA CONTARLA//. Vayan y léanla, que está bien bonita con ilustración y todo —¡gracias Maire!

Era una de esas noches. Una de esas ocasiones en que decides apilar una mala idea encima de otras tres y acabas yendo a una fiestecita en el apartamento de un colombiano que acabas de conocer, y en una noche de escuela: un lunes, para acabar de joder.

No acababa de bajarme del elevador cuando ya empezaban a sonar las alarmas: alguien tenía manso escándalo en su apartamento. Predeciblemente, y porque si no no lo estaría mencionando, la bulla venía justo del apartamento adonde me dirigía. Y naturalmente la música era el tecno-house-electro-tribal más insípido del hemisferio. Haciendo de tripas corazón toqué el timbre.

Adentro había lámparas envueltas en camisetas, un mural de recortes de revista y, supongo, lápiz labial, un par de ceniceros llenos de colillas, botella y media de ron colombiano y un par de botellas ya vacías, y el colombianito y su amiga colombianita que acababa de llegar al país. Casualmente, ella era una colega arquitecta. Se la estaban pasando súper, bailando al son de un Blackberry pegado al teatro en casa. Después de un par de ronazos, me di cuenta que era parte de la entrevista de trabajo más extraña de mi vida. El pelao ensalzando a su amiga y tratando de que le ofreciera trabajo, con ella haciendo los coros: “Tú sabes, ella es muy buena.” “Tengo especializaciones en paisajismo y urbanismo, y soy buenísima en el AutoCAD.” “¡Tienes que ver su portafolio, ella es buenísima!” “¿Por qué no quieres verlo? ¡Ten solidaridad con una colega!” “Bueno, seguramente debes conocer a alguna firma que sí esté contratando.” Estaba encerrado y atrapado, aterrado de la sobredosis de escopolomina que seguramente me tenían preparada, casi resignado a morir devorado por colombianos.

Entonces, Deus ex Machina, el Blackberry cambió de playlist y empezó a tocar International Dateline de Ladytron, que además de tener un título extrañamente apropiado resulta ser el tema musical de Shut Up, Weirdo por WFMU, el mejor programa de radio del universo. Guguléenlo. Despabilado por este mensaje de los cielos, me hice de valor y me lancé hacia la salida, pero no antes de teclear un resumen de mi aventura. Si iba a vivir, quería poder echar bien el cuento.

Esa noche un DJ salvó mi vida. Esas cosas pasan.

Y ahora para los bonus features. Esta es una versión temprana de este ensayito, pero in english, que fue publicada como Email of the Day en el mismísimo blog oficial de Shut Up, Weirdo. ¡Soy un columnista multinacional!

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